Fútbol por la equidad.


 

TOMATON - JOVENES CERO VIOLENCIA.

Fútbol por la equidad.

 cuando la cancha se convierte en un espacio para encontrarnos20 equipos, participación juvenil y una misma camiseta: el deporte como escenario de respeto, inclusión y convivencia en Rafael Uribe Uribe

Por Revista ABC de la Salud.



En una cancha de fútbol caben muchas cosas: un balón, dos arcos, equipos, sueños, competencia y, sobre todo, personas. Pero cuando el deporte se plantea desde la equidad, la cancha puede convertirse también en un espacio para aprender a convivir, reconocer las diferencias y comprender que nadie debería quedar por fuera de los escenarios comunitarios por razón de su género, condición, origen o manera de ser.

Eso fue precisamente lo que buscó promover el Torneo de Fútbol por la Equidad, desarrollado en la localidad de Rafael Uribe Uribe, una iniciativa financiada mediante Presupuestos Participativos, operada por SI A LA VIDA, y dirigida a jóvenes entre los 17 y los 28 años.

La propuesta tuvo una característica fundamental: los equipos fueron mixtos. No se trató únicamente de una condición deportiva para conformar los equipos; fue, en esencia, una apuesta pedagógica y social por compartir el espacio público en condiciones de mayor igualdad.

En total, 20 equipos participaron en esta experiencia, llevando a la cancha no solamente sus capacidades futbolísticas, sino también distintas historias, formas de entender el deporte y maneras de relacionarse con los demás.

                      La equidad también se juega

Tradicionalmente, muchos escenarios deportivos han estado marcados por divisiones relacionadas con el género. El fútbol, particularmente, ha sido durante décadas identificado como un espacio predominantemente masculino.

Pero las nuevas realidades sociales están transformando esa mirada.

Hoy las mujeres participan cada vez con mayor fuerza en el fútbol y en otras disciplinas deportivas. También existen jóvenes que no se identifican necesariamente dentro de las categorías tradicionales de género y que reclaman, con razón, su derecho a participar en los espacios sociales, culturales y deportivos sin discriminación.

Por eso, un torneo mixto puede representar mucho más que una modalidad de competencia.

Puede ser una herramienta de participación social.

Cuando hombres, mujeres y personas con diversas identidades de género comparten una cancha, aparecen oportunidades para conocerse, reconocer capacidades y romper prejuicios.

La equidad no significa que todas las personas sean iguales. Significa que todas las personas deben tener la posibilidad de participar, ser respetadas y desarrollar sus capacidades en condiciones dignas.

Y esa diferencia es importante.

 

                    20 equipos, una experiencia colectiva

La participación de 20 equipos conformados por jóvenes de 17 a 28 años demuestra que el deporte continúa siendo una de las herramientas más efectivas para convocar a las nuevas generaciones alrededor de objetivos colectivos.

La estructura del torneo permitió que la competencia tuviera un componente organizativo y deportivo, pero también comunitario.

El campeonato fue promocionado bajo una idea sencilla y poderosa:

“Aquí gana la empatía y el respeto hacia las mujeres en los espacios públicos.”

La frase permite entender que el propósito no estaba exclusivamente en determinar quién marcaba más goles.

El verdadero desafío consistía en construir una competencia donde ganar no significara pasar por encima del otro, sino competir respetando al otro.

En ese sentido, el fútbol se convirtió en una especie de laboratorio social: un espacio donde las diferencias pueden encontrarse y donde las reglas del juego ayudan a establecer límites frente a comportamientos discriminatorios o violentos.

 

El espacio público también es nuestro

Hablar de equidad en el deporte necesariamente implica hablar del derecho al espacio público.

Las canchas, parques y escenarios deportivos pertenecen a la comunidad. Son lugares para encontrarnos, practicar actividad física, conversar, jugar, competir y construir relaciones.

Sin embargo, no todas las personas han vivido esos espacios de la misma manera.

Para muchas mujeres y personas con identidades de género diversas, ocupar determinados espacios públicos puede estar acompañado de experiencias de discriminación, comentarios ofensivos, acoso o simplemente la sensación de que determinados lugares “no son para ellas o ellos”.

Por eso resulta significativo que un proyecto deportivo incorpore expresamente la perspectiva de equidad.

Una cancha verdaderamente comunitaria debe ser una cancha donde todas las personas puedan sentirse seguras y respetadas.

El deporte puede ayudar a cambiar esa realidad, pero necesita hacerlo acompañado de formación, diálogo y conciencia ciudadana.

 

Presupuestos Participativos. Decidir también es participar

Hay otro elemento que merece ser destacado: el torneo fue financiado mediante Presupuestos Participativos.

Esto tiene una importancia particular porque los Presupuestos Participativos representan una posibilidad para que la ciudadanía intervenga en la definición de iniciativas que pueden responder a necesidades y expectativas de sus territorios.

En este caso, los recursos públicos se tradujeron en una actividad concreta para la juventud de Rafael Uribe Uribe.

El ejercicio permite comprender que la participación ciudadana no termina cuando una persona vota o acompaña una propuesta.

La participación también puede expresarse cuando la comunidad identifica necesidades, prioriza iniciativas y posteriormente se apropia de los proyectos que llegan al territorio.

Un presupuesto participativo adquiere verdadero sentido cuando el recurso público termina convertido en oportunidades para la comunidad.

En este caso, la oportunidad fue el deporte, pero alrededor del deporte aparecieron otros componentes: convivencia, integración, inclusión, actividad física, apropiación del espacio público y construcción de relaciones entre jóvenes.

SI A LA VIDA. EL OPERADOR COMO PUENTE CON LA COMUNIDAD

La iniciativa contó con SI A LA VIDA como operador, un papel que va más allá de la ejecución logística.

En proyectos comunitarios, el operador cumple una función importante como puente entre los objetivos institucionales y la realidad cotidiana de los participantes.

Organizar un torneo implica escenarios, horarios, equipos, reglas, acompañamiento, logística y coordinación. Pero cuando el proyecto tiene un enfoque social, también exige capacidad para generar condiciones de participación y convivencia.

La actividad deportiva debe ser entonces entendida como un proceso integral.

No basta con reunir a 20 equipos.

Es necesario que los participantes comprendan que la competencia no elimina el respeto, que la diferencia no justifica la discriminación y que el resultado de un partido no puede estar por encima de la dignidad de una persona.

 

Juventud. Mucho más que espectadores.

Uno de los aspectos más valiosos del torneo es su apuesta por jóvenes entre los 17 y los 28 años.

Esta etapa de la vida representa un momento fundamental para consolidar proyectos personales, relaciones sociales, capacidades de liderazgo y formas de participación ciudadana.

Por eso, ofrecer alternativas deportivas y comunitarias significa también ofrecer espacios para que los jóvenes puedan encontrarse, expresarse y construir nuevas experiencias.

La juventud no debería ser convocada únicamente cuando existen problemas que solucionar.

También debe ser convocada para crear, proponer, liderar, practicar deporte, participar y construir comunidad.

Un joven que participa en una actividad deportiva organizada no solamente está haciendo ejercicio. Puede estar desarrollando disciplina, capacidad de trabajo en equipo, comunicación, manejo de conflictos y responsabilidad colectiva.

Y esas competencias también son necesarias para la vida ciudadana.

TODOS CABEMOS EN LA MISMA CANCHA

La palabra “mixto” puede parecer sencilla, pero adquiere una dimensión especial cuando se convierte en una práctica cotidiana.

No se trata únicamente de poner hombres y mujeres en un mismo equipo.

La verdadera apuesta está en construir relaciones donde cada persona sea reconocida por sus capacidades y no limitada por los estereotipos.

Una mujer puede ser goleadora, defensora, arquera o capitana.

Un hombre puede apoyar, aprender, acompañar y reconocer las capacidades de sus compañeras.

Y una persona con una identidad de género diversa debe poder encontrar en estos escenarios el mismo derecho a participar y ser respetada.

La inclusión no consiste en hacerle un favor a alguien para permitirle estar. Consiste en reconocer que todas las personas hacen parte de la comunidad.

Desde esa perspectiva, el torneo representa una oportunidad pedagógica para seguir avanzando hacia una sociedad donde el género no sea una barrera para participar.

 

EL VERDADERO MARCADOR

En el fútbol existe un marcador que determina quién ganó y quién perdió.

Pero en iniciativas de carácter comunitario existe otro marcador, menos visible y quizá más importante.

¿Cuántas personas participaron?

¿Cuántas nuevas relaciones se construyeron?

¿Cuántos prejuicios pudieron cuestionarse?

¿Cuántos jóvenes encontraron una alternativa para utilizar positivamente su tiempo libre?

¿Cuántas mujeres sintieron que también tienen derecho a ocupar la cancha?

¿Cuántas personas pudieron participar sin tener que esconder quiénes son?

¿Cuántos conflictos pudieron resolverse mediante el diálogo?

Esas preguntas permiten evaluar el impacto social de una iniciativa como esta.

Porque el resultado deportivo queda registrado en una tabla.

El resultado social queda registrado en las personas.

UNA POLÍTICA PÚBLICA TAMBIÉN PUEDE TENER FORMA DE BALÓN

Experiencias como el Torneo de Fútbol por la Equidad permiten observar algo fundamental: las políticas públicas no siempre llegan a la ciudadanía en forma de grandes edificios o complejos programas institucionales.

A veces llegan en forma de una cancha.

En un balón.

En una jornada deportiva.

En un grupo de jóvenes que se encuentra por primera vez.

En una mujer que entra a jugar y descubre que ese espacio también le pertenece.

En un joven que aprende que competir no significa agredir.

En una persona que puede participar sin sentirse excluida por su identidad.

Ese es uno de los grandes valores de la participación social: convertir decisiones y recursos públicos en experiencias concretas para la comunidad.

 

MÁS QUE UN CAMPEONATO, UNA SEÑAL DE CAMBIO

El Torneo de Fútbol por la Equidad deja una reflexión que vale la pena mantener más allá de la competencia.

Si queremos territorios más incluyentes, debemos construir espacios donde la inclusión pueda experimentarse.

Y el deporte tiene una enorme capacidad para hacerlo.

Los 20 equipos participantes, los jóvenes de 17 a 28 años, la financiación mediante Presupuestos Participativos, la operación de SI A LA VIDA y la apuesta por equipos mixtos conforman los elementos de una experiencia que puede ser leída desde una perspectiva más amplia: la construcción de ciudadanía desde el territorio.

Rafael Uribe Uribe necesita escenarios donde sus jóvenes puedan encontrarse y donde las diferencias no sean motivo de separación, sino una oportunidad para aprender a convivir.

LA CANCHA PUEDE SER UNO DE ESOS LUGARES.

Porque al final, el verdadero campeonato no consiste solamente en saber quién marcó más goles.

Consiste en avanzar hacia una comunidad donde todas las personas puedan decir: esta cancha también es mía, este espacio también me pertenece y aquí puedo participar siendo quien soy.

Revista ABC de la Salud

Informa – forma y apoya la educación.

¡Periodismo comunitario y alternativo un nuevo estilo de realizar periodismo social incidente capaz de generar cambios!

LA SALUD ES UN DERECHO, LA INFORMACIÓN ES EL CAMINO.

 


Comentarios

Entradas populares de este blog

Barrio El Consuelo – PROCEDA 40615.

Edición Especial – Adultos Mayores y Medioambiente

¡No permitamos que la salud siga siendo un negocio!